POR; Carlos LÓPEZ
Quienes participaron en la contienda interna de Morena para definir la Coordinación Estatal de Defensa de la Transformación y la Soberanía Nacional conocían las reglas antes de competir.
La convocatoria establecía, entre sus requisitos, una carta compromiso de conformidad con el proceso y de aceptación de sus resultados; también precisaba que la decisión sería inapelable.
Por eso, las inconformidades expresadas después de que las encuestas favorecieron a Carlos Torres Piña, plantean una contradicción difícil de ignorar.
Los aspirantes aceptaron participar bajo determinadas reglas, pero hoy, parece que les falla la memoria y algunos cuestionan el resultado de esas mismas reglas con las que estuvieron de acuerdo.
La crítica al proceso es legítima; lo que merece explicación es por qué las condiciones aceptadas antes de la medición hoy parecen debatibles, una vez designado a a Torres Piña como el coordinador.
La senadora Celeste Ascencio Ortega es una de las ex aspirantes que encarna esa tensión.
El 25 de agosto, antes de conocerse la definición, llamó a los demás aspirantes a dejar los “berrinches” y el “pataleo”, y sostuvo que todos debían permanecer en un solo equipo: Morena.
El 22 de septiembre, después del resultado, afirmó que “no hubo piso parejo”. Sin embargo, en esa misma entrevista reconoció que conoció la metodología y los resultados, y sostuvo que debían respetarse y acatarse.
Su postura, entonces, no es de rechazo al resultado: cuestiona las condiciones de la competencia, pero admite que la decisión debe cumplirse.
El diputado Juan Carlos Barragán también ha planteado sus desacuerdos y pidió que se realizara “una nueva encuesta” en febrero; a la vez, dijo que confía en la dirigencia nacional y aceptará el resultado si participa por la candidatura de Morelia y pierde la encuesta.
La dirigencia nacional ha sido clara sobre las mediciones ya realizadas. El 22 de septiembre, Ariadna Montiel sostuvo que los perfiles fueron medidos y que los resultados son firmes; revisar las encuestas, precisó, no significa repetirlas.
También anunció que, una vez concluidas las 17 definiciones estatales, Morena dará a conocer resultados y metodología, y permitirá que las encuestadoras expliquen los ejercicios.
Esa transparencia puede ayudar a responder cuestionamientos, pero no debe confundirse con abrir nuevamente una decisión que la convocatoria definió como inapelable.
Mientras eso ocurre, habrá quienes defiendan su incertidumbre, pero lo que sí es un hecho, es que el coordinador electo, comenzó a ejercer el encargo y a sumar a los cuadros que lo acompañaron, sin cerrar la puerta a otras expresiones morenistas.
Ya lo vimos tras la reunión convocada por Gladyz Butanda, en la que legisladores, alcaldes y liderazgos expresaron respaldo a una ruta común. Entre ellos estuvieron Juan Pablo Celis, Nalleli Pedraza, Eréndira Isauro, Julieta García, Miroslava Shember, Mónica Valdez y Moisés Navarro.
También Fabiola Alanís y Gabriela Molina han señalado que aceptan la definición y que continuarán los diálogos, aunque Molina ha presentado observaciones y propuestas sobre futuros procesos internos.
Son posturas que muestran que es posible plantear críticas y, al mismo tiempo, reconocer el resultado vigente.
Ahora, cabe recordar que la coordinación no es la candidatura de Morena a la gubernatura de 2027, aún así, si las bases eran conocidas, si se aceptaron al participar y si las encuestas dieron la ventaja a Torres Piña, la inconformidad que ahora muestran no puede sustituir por sí sola el resultado y la preferencia de quienes fueron encuestados.
Ahora corresponde a la dirigencia cumplir con publicar la información anunciada y a las distintas expresiones decidir si convierten sus diferencias en una disputa interminable o en una discusión que respete las reglas acordadas.







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